Es triste y difícil de manejar el sentir de nuevo la comodidad de un sillón, o un baño propio, de todo lo que nos ofrece el calor de hogar y aún así desear con todo el corazón tener que comer chatarra y sin horario, dormir con frío y en el piso duro. Esa es la sensación después de Campus Party, la cruda de lo que para nosotros es la mejor semana del año.