Hace unos días en mi clase de “creatividad e innovación” me dejaron una tarea muy peculiar, tenía que presentar un vídeo de 2 minutos en donde yo, acompañada de mi equipo de trabajo hiciéramos música de una manera diferente y creativa sin comunicarnos o utilizar instrumento alguno.
Así que nos pusimos en marcha, fuimos a un Starbucks y comenzamos a improvisar sonidos con cosas tan simples como el ticket de compra y nuestras mejillas entre otras cosas. Si, fuimos bastante ruidosos ese día, no sólo con los sonidos, ¡si no también con las carcajadas que soltamos al hacerlos! Pero, ¿por qué les estoy contando todo esto?