Japón es invadido por el Imperio de Britannia y ahora lo conocen como el Área 11; a sus ciudadanos, como “elevens”. Japón ha perdido su autonomía mientras Britannia impone su ley, la ley del más fuerte.
A Lelouch, el enigmático y frío protagonista, un príncipe Britannian que vive en Japón y al que ha dado por muerto incluso su propia familia, se le concede un Geass. El poder de los dioses, le dicen. Y así, Lelouch puede empezar su rebelión, que puede llegar a liberar a Japón de la opresión de Britannia.
La serie está llena de personajes de lo más polífacéticos, tales como C.C., con el cabello verde, amante de la pizza, y deshumanizada, que permanece junto a Lelouch esperando que éste cumpla el contrato que firmó el día que le fue concedido el Geass; como Kallen, una rebelde mitad Britannian, mitad japonesa, que lucha por la libertad de los japoneses y sobre todo, por ella misma y Suzaku, un soldado japonés que pertenece al ejército Britannian y tiene un modo muy particular de ver las cosas.
Debido a una casualidad, Lelouch entra en contacto con un grupo de terroristas del ghetto de Shinjiku y, al aliarse con ellos, forma la Orden de los Caballeros Negros. Se forja una identidad nueva y desconocida como Zero, un enmascarado que pelea contra la injusticia.
Pero no todo es felicidad. Japón es un pueblo oprimido y hay quienes desean libertad. Existen princesas idealistas y valerosos caballeros que intentan cambiar desde dentro, mientras la rebelión crece cada vez, gracias a la estrategia militad de Lelouch. No todos son quien dicen ser y siempre se puede cambiar de bando.
Porque Zero no puede dejar atrás a Lelouch, que tiene amistades, y familia, y miedos, y alegrías, pero sabe que tiene que hacerlo si tiene que erigirse como el salvador de Japón.
Una historia interesante, con una rebelión bien armada, personajes de todos tipos y colores, con historias que van evolucionando durante dos temporadas forman Code Geass, una de las mejores series que he visto.