Marcelo es una cinta mexicana dirigida por Omar Yñigo, y es además su opera prima. Se preguntarán el por qué hablar de esto. Pues bien, el pasado sábado fue el último día en que la película tuvo funciones en Cineteca Alameda (tras una semana y un Festival Mix de proyecciones) y como viene haciendo cada fin de mes o algo así, contaron con la presencia del director de la cinta, Omar Yñigo, para contar los pormenores de producir cine en México y más siendo cine con una temática tabú como lo es Marcelo.
Tuve la fortuna de verla en el pasado Festival Mix y el sábado pasado pude darle un revisionado en regla y no a la Homero Simpson como hice la vez pasada. ¿Y de qué va? Marcelo tiene treinta y pocos y veinte y muchos, es nini y como nini que se respete es un mantenido de su madre tanto por decisión propia como por ella misma. Si hay algo que lo apasiona ese algo son los cómics, hasta que un buen día el tendero donde compra sus ejemplares del Platino Kid (su súper favorito) le muestra la zona XXX de la tienda y es entonces cuando la vida de Marcelo comienza a cambiar.
(De aquí en adelante, spoilers. Sino quieres leerlos, salta al siguiente parrafo)
Gracias a un directorio gay y tras diversas circunstancias termina concertando una cita , sin saberlo, con su problemático vecino, un chichifo como el que más, del cual eventualmente termina enamorándose. Sin embargo, su madre (interpretada por la villana por antonomasia de México Laura Zapata) se opondrá terminantemente a dicha relación, puesto que su ex marido la engaño concertando un matrimonio por conveniencia con ella para poder ocultar su homosexualidad. Aliens, una gallina, un súper (en este caso el actor que hace de El Esqueleto en Nacho Libre), una escena hilarante a la cómic style que involucra a los protagonistas y un final algo extraño pero justificable son los ingredientes de la formula.
(Terminan los spoilers)

Aaron Díaz es el protagonista indiscutible de la cinta. Cuando me enteré que él la protagonizaba, al igual que Laura Zapata, no pude evitar pensar que me enfrentaría a una cinta mediocre, aburrida, bastante cliché y hasta pretenciosa teniendo a dos actores de Televisa en sus filas (por muy buena actriz que sea Laura Zapata). Y a pesar de saber que en ocasiones la televisora selecciona actores que pueden dar muy buenos frutos cuando son seleccionados en productos de calidad, no pude dejar atrás el estigma. Así sin más me enfrenté por primera vez a Marcelo (que ya no la segunda).
Mea culpa. Quién no puede sentir simpatía por un chavo que a sus treinta y tantos se sigue vistiendo como su madre le ordena, que habla como teto, es fan from hell de los súper héroes, tiene una gallina que es lo más awesome del mundo mundial y que encima de todo es la persona más inocente y carismática que he visto en una película del género. Sí, Aaron Díaz me demostró que puede ser un buen actor si tiene un buen guión a la mano (y más si tomamos en cuenta que él en persona peleó el papel aunque ni el director lo tenía contemplado).
Las historias simples son las que nos complementan, las que nos llegan a hacernos sentir más satisfechos cinematográficamente (tenemos a Gravity de ejemplo). Muy pocas historias -sino es que ninguna- en la actualidad son originales, sin embargo todas se sienten como nuevas en base a los giros y el sentimiento de frescura que les es impregnado, y eso viene desde el guión.
Tuve la oportunidad de platicar con el director, y gracias a ello es notable el peso de la experiencia que aquí nos comparte, donde podemos ver sus pasiones tanto en la historia (ese irrefutable gusto que siente hacia los cómics) como en el uso y manejo de la cámara (esa escena bastante hitchcockiana que está ya casi hacia el final).
Por lo regular, cualquier película de temática gay tiene en su haber desnudos, sexo, la típica escena en el antro, consumo de drogas y por supuesto, no puede faltar el típico final trágico en su haber. Omar Yñigo ofrece la frescura necesaria para convertir su cinta en algo que trasciende de todo lo anterior. Su interés radica simple y llanamente en mostrarnos el descubrimiento y aceptación del yo interior, por muy alíen que puede llegar a sentirse alguno de nosotros en ocasiones.
Sabemos que la pantalla de Cineteca no es todo lo perfecta que nos gustaría, pero fotográficamente hablando, Marcelo sale bien parado, tiene bonitos encuadres y en especial -como ya hice algunos párrafos atrás- recalco una escena claramente inspirada en el modo de hacer de Alfred Hitchcock y otro prodigio en el control de la puesta en escena (y de los animales) que tenemos cuando los protagonistas se besan mientras que la gallina china de Marcelo los observa y comienza a cacarear de tal forma que sirve como onomatopeya al acto de besarse en sí. Un score como el que más, que se limita a cumplir con su función y una puesta en escena, como ya lo mencione, rica en detalles cinéfilos. Marcelo es una visión fresca desde México sobre el crecimiento personal y sobre la inocencia en el amor. Espero que cuando la cinta tenga su corrida comercial como Merlín manda (un problema que desgraciadamente sigue aquejando a las películas independientes mexicanas) le den una oportunidad y pasen un agradable rato. La cinta lo merece.
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