Truenos, Lodo y Rocanrol. Corona Capital 14. Día 1

En el reino de las costumbres religiosas, el agua existe como una constante de purificación. En muchas doctrinas, sumergir a una persona en agua es un símbolo que representa el renacimiento bajo una nueva fe y con un alma limpia de todo pecado. Muchos de los recién convertidos gritan, lloran, carcajean. Una experiencia catártica.

Un efecto similar fue experimentado el sábado 11 de octubre cuando el Corona Capital se vio amenazado por miles de galones de agua en forma de gotas kamikaze que caían del cielo hacia la superficie más próxima, sin importar si se tratara de tierra, pasto o instrumentos musicales.

Tras horas de caminatas kilométricas, tras la guitarra que destrozaba Sean Lennon con su The Ghost Of A Saber Tooth Tiger, los zapateados frenéticos que inspiraba Hercules & Love Affair, tras decenas de tropezones con jóvenes “Selfieando” junto a cualquier letrero o señalética que diera seña de Corona Capital, era tiempo de ver a Weezer. Las nubes se arremolinaron por montón. Parecía que la chica del pronóstico del tiempo no se iba a equivocar esta vez.

Sean Lennon con The Ghost Of A Saber Tooth Tiger en el escenario Corona. Con la aparición especial de nuestro amigo el “urgante despistado”.

Holy Ghost abandonó el escenario con la mayoría de sus integrantes levantando una W con ambas manos,“Weezer is next. Thank you!”. Una agraciada despedida para un público que ansiaba uno de los números principales de la velada. No es que Holy Ghost fueran malos, muchos bailamos con varios de sus temas, sin embargo, se podía distinguir que la mayoría del público estaban ahí por el cuarteto que escribió canciones que forman parte del soundtrack de un adolescente promedio de principios de siglo XXI.

Hercules and Love Affair ponen a bailar en el escenario Bizco club.

Gente entraba y salía del escenario, con ellos cables, instrumentos, plataformas de batería, amplificadores, pedaleras. Todo el crew pintaba una escena similar a la de las escobas en El Aprendiz de Mago. Las parejas se tomaban fotos con sus celulares, los amigos compartían un cigarro, las nubes dejaban caer gotas cada vez más gordas, pero la gente en el escenario no se apartaba de su labor.

Una figura delgada y pequeña salía del costado izquierdo del escenario. Incómodamente se postró cerca de la mujer que ajustaba la pedalera del cantante principal. Los gritos no se hicieron esperar, pero Rivers Cuomo no daba una señal de escucharlos. Tal vez ondeó la mano un poco, es difícil recordarlo con tantas W’s alzadas al aire.

Rivers Cuomo  y baterista preparan el escenario
Rivers Cuomo y Patrick Wilson preparan el escenario.

Los minutos transcurrieron, la euforia inicial de ver a los integrantes de Weezer ajustar sus propios instrumentos se desvaneció con la ligera lluvia que amenazó con convertirse en una tromba, pero los primeros acordes de la banda con el saludo en español de Cuomo encendió de nuevo la mecha de los miles de puños que explotaban en euforia. “Vamos a una isla en el cielo” fueron las palabras que detonaron uno de los momentos de máximo éxtasis entre la multitud.

Hep hep. Hash Pipe, Say It Ain’t So, My Name Is Jonas, Undone-The Sweater Song, Buddy Holly y una peculiar interpretación de ¿Quién Como Tú? de Ana Gabriel fueron coreadas por la multitud embriagada de satisfacción. Cuomo, ahora vestido con una playera de los Tiburones Rojos del Veracruz se despedía cálidamente de su público mexicano “México es chingón”. Cada miembro tomó un par de baquetas y en un número similar a aquel con el que cerrara The Temper Trap en la primer edición de Corona Capital, azotaron coordinadamente la batería de Patrick Wilson. Las luces se apagaron. Un concierto había terminado, pero la piel aún seguía erizada.

Weezer dio cátedra en cómo prender a la fanaticada.
Weezer dio cátedra en cómo prender a la fanaticada.

La lluvia azotó una vez más, y en esa ocasión venía acompañada.

Massive Attack salió al escenario para una presentación que pintaba épica, por decir lo menos. Increíbles visuales acompañaban los hipnóticos y contrastantes beats que Robert del Naja, Grant Marshall y compañía se han especializado en producir desde hace más de 20 años. Por escasos 40 minutos Massive Attack dio un espectáculo sensacional.

El agua que caía del cielo convirtió toda la escena en algo particularmente especial. Todo parecía transcurrir en cámara lenta, incluso el agua que volaba de los platillos al ser azotados por el ritmo de las baquetas flotaba como si no tuviera prisa por tocar el suelo. Un rayo caer en las cercanías. Dos, tres. después del cuarto perdí la cuenta. La multitud enloquece y la catarsis llega mientras Future Proof viaja por los aires, despedida de los amplificadores y bocinas en el escenario. La música acaba, el público grita frenético, como si demonios musicales estuvieran siendo exorcizados fuera de cada uno de los asistentes.

Una voz por el sistema de sonido reza “Su atención por favor. Debido a las condiciones…” , las luces se apagan “… será suspendido temporalmente hasta que…”, la gente abuchea, “… Les pedimos alejarse de las estructuras metálicas…” Benditos/malditos rayos. “… Gracias por su comprensión. Your attention please…”.

No hay foto de Massive Attack en toda su grandiosidad porque mi smartphone no es a prueba de lluvia.

Miles de pies enlodados se alejan del escenario, los más optimistas, deciden esperar. Camino a la salida, donde quedé de encontrarme con Diana, una primeriza buena amiga, cuando terminara el festival. Desde un punto alto observo como una cantidad significativa de asistentes camina hacia fuera, derrotados, cabizbajos y sin ganas de esperar a que la lluvia desaparezca. Ni una señal de aquellos chinos que mi compatriota portaba con orgullo. Todo parecía que aquella tormenta eléctrica pondría un prematuro fin, por primera vez en la historia del festival, a un día de celebración.

Cansado de ver a través de las bolsas azules condicionadas para fungir como impermeables, encaminé las férulas de lodo que tenía por tenis hacia la salida, una deserción casi exitosa, que se vio interrumpida por el sonido de música proveniente de uno de los escenarios, SBTRKT había reabierto el Bizco Club, ¿ocurriría lo mismo con Jack White en el escenario Corona? Estaba a punto de averiguarlo.

Abrir paso a contracorriente de una multitud no fue la única dificultad que los necios que queríamos más rocanrol tuvimos que atravesar. Las telas destinadas a cubrir la tierra y el pasto en las áreas de los escenarios se habían convertido en el enemigo más mortal de los festivaleros, pues pasaron de ser una medida de seguridad a la trampa más mortal en las instalaciones al convertirse en una pista de patinaje bien lubricada. Lamenté por la pobre mujer que traía tacón de aguja que vi a la entrada del evento.

Un poco de lodo no hace daño a nadie
Un poco de lodo no hace daño a nadie.

No había mucha gente a la espera del espectáculo, punto a favor de quienes queríamos estar hasta adelante para empaparnos de los riffs de Jack White, quien tras casi 30 minutos de espera y varias charlas con extraños hizo su aparición con un tres columnas gigantes colgando desde la tramoya del escenario acomodadas como el tercer número en la nominación romana. Porque Jack White no podía dejarnos exentos de su obsesión por el número 3.

Éxitos como Sixteen Saltines, High Ball Stepper, Love Interruption, Lazaretto, Three Women, y la más reciente Would You Fight For My Love? demostraron que la espera y la lluvia habían valido la pena, sin embargo, fue cuando los primeros acordes de una versión renovada de Fell In Love With A Girl cuando dejó saber al público que él y su banda estaban dispuestos a satisfacer las ansias por temas que lo llevaron a donde está ahora.

La magia estaba en el aire y alcanzó hasta al espectador más alejado cuando las primeras notas de Seven Nation Army emanaron de su guitarra. Las cuerdas vocales de todo fanático imitaban a las del instrumento “Oooh- oh-oh-oh-oh-oooooh-oooh”. Un recital para recordar, más aún cuando pensamos que fue uno de los últimos conciertos de “Ikey” Owens, tecladista en turno de la banda de White y quien en vida colaborara con The Mars Volta, Free Moral Agents y Long Beach Dub Allstars. Owens murió de un paro cardiaco el 14 de octubre, mientras White continuaba su gira por nuestro país.

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Jack White agradeció apasionadamente a la multitud que no fue espantada por la lluvia con un concierto lleno de punch

Tras esa inyección de energía propinada por el inquieto Jack White, escuchar Time To Pretend, Electric Feel y Kids de lejitos, era un plus bastante agradable, pues no quería partir esa noche sin brincar al ritmo de la última.

400 pesos de taxi, el alma limpia, los pies sucios y las piernas molidas fueron las consecuencias del primer día de festival. Llegué al departamento de Itzel, la buena camarada que tuvo la bondad de hospedarnos, y ahí estaba Diana. Acomodé mi sleeping bag a un costado de la cama del perro del departamento y dormí, soñando con la maravilla que sería escuchar a Damon Albarn al día siguiente. Por lo pronto, el día uno, había terminado de manera extraordinaria.