No existe ningún Club del Suicidio.
Es una tarde como cualquiera en una estación cualquiera del tren en Japón. Los chicos regresan a casa después de un día de clases, los demás regresan del trabajo. De pronto, 50 chicas se toman de la mano, se acercan a la orilla del andén, y se lanzan a las vías. El tren pasa, y la estación de tren se cubre de sangre y demás restos humanos.
Así es como comienza una oleada de suicidios, llevados principalmente a cabo por jóvenes. Pronto surgen también las palabras “Club del Suicidio” y un extraño sitio web. ¿Es un culto, una moda o una crisis? La policía está confundida mientras trata de descubrir qué hay detrás de todo esto.
Siendo honesta, me había tardado mucho en ver esta película, he de admitir que le huí por un buen tiempo porque no soy muy fan del gore, aunque después de ver unas cuantas cosas, me animé. En Suicide Club -o Suicide Circle– no hay sólo gore porque sí, hay más cosas. Hay muerte, hay sangre, hay miedo, desesperación, hay incluso sonrisas, todo esto acompañado por música de un idol group de chicas.
Es una película bastante complicada conforme va avanzando, no sabes el porqué, y debes estar atento a cada cosa, pues es una pista. Lo que comienza como algo de terror o un thriller policiaco termina siendo algo confuso, tal vez hasta reflexivo para algunos. Suicide Club es de esas películas que te tiene pensando, incluso después de terminarla. Después de Suicide Club, es un deber seguir con la filmografía de Sion Sono, su creador.