Wes Craven se fue. Las pesadillas no.

Wes Craven ha muerto. Cáncer de cerebro. Según el comunicado oficial murió en paz y rodeado de sus seres queridos. Tal vez demasiada paz para alguien que pasó la mayor parte de su vida aterrando a millones de espectadores. Por más de 40 años se encargó de horrorizar audiencias con largometrajes atípicos y en ocasiones innovadores en el género. Ayer dejó de imaginar. La muerte ha decidido llevárselo a través de ese maravilloso órgano suyo, culpable de dejar a niños y a adultos sin dormir por temor a lo que acecha en las sombras o a morir horriblemente en las pesadillas.

Craven tenía luchas internas, demonios y conflictos necesarios para crear visiones de terror tan personales como lo hizo. Creció en una iglesia bautista fundamentalista de la que escapó para iniciar carrera en el cine porno y posteriormente en el cine formal como editor de sonido. Al pasar los años, y de manera casi improvisada, dirigió su primer largometraje: The Last House On The Left (1972), cuyo tagline se podría traducir como “Para evitar desmayarte, repite: ‘Sólo es una película, sólo una película, sólo una película…’”. La naturaleza transgresora de The Last House… sería un augurio para la carrera de Craven. Sus mejores largometrajes, los más reconocidos por la crítica y recordados por los fans, son aquellos que rompen el molde, que revitalizan el género y se vuelven modelos a seguir.

Last House On The Left fue producida por Sean S. Cunningham, quien años más tarde crearía Friday The 13th.

 

La generación de directores que dio forma al cine de terror en los ochenta provenían del ámbito independiente. Carpenter, Cronenberg, Cunningham, O’Bannon, Hooper y desde luego, Craven, alimentaron distintas mentes que buscaban al coco en las pantallas de cine, y a pesar de que todos eran especialistas en su área, fue éste último quien dio en el clavo construyendo una historia de terror con la que cualquier persona en el mundo pudiera identificarse y aterrarse. El acto común de dormir y soñar se volvió el campo de juego en A Nightmare On Elm Street (1984). Freddy Krueger instantáneamente fue ascendido al panteón de los monstruos del séptimo arte.

Cuando la mayoría de los antagonistas en los slashers eran silentes y cazaban a sus presas de forma terrenal y azarosa –para ser candidato al machete de Jason sólo era necesario ser un adolescente calenturiento que pusiera un pie en el campamento de Crystal Lake-, Freddy tenía mucho que decir, diversas maneras de aterrorizar y un objetivo real: vengar su muerte con la vida de los hijos de sus verdugos.

Johnny Depp actuó y murió por primera vez en el cine en A Nightmare On Elm Street

La integración de un entorno surrealista dio a A Nightmare…, la profundidad que a otras cintas les faltaba, y fue ahí donde Craven dio rienda suelta a su imaginación, porque si existe un terreno fértil para cultivar el miedo es en los sueños, en el inconsciente, donde los temores yacen expectantes a su llamada.

Freddy hizo de las suyas durante varias películas antes de reencontrarse con su creador en Wes Craven’s New Nightmare (1994), un largometraje autorreferenciado en el cual Krueger vuelve a sus raíces sombrías y amenazantes escapando de sus películas para asesinar a sus compañeros de cast en “la vida real”. New Nightmare…, puede considerarse un preludio para lo que Craven dirigiría un par de años más tarde: Scream (1996), el otro gran hito en su cinematografía.

Es difícil arrancar una exitosa saga en una carrera cinematográfica; sin embargo, Craven triunfó en donde Lucas, Romero y Jackson no, e inició otra exitosa franquicia en 1996 con Scream, una meta-película que no se cansa de referenciar el género slasher a lo largo de su argumento, y que asentó el tono desde su primer secuencia, en la cual Drew Barrymore, estrella innegable del cine juvenil de mediados de los 90, muere a manos de Ghostface, la brutal encarnación del asesino fuera de las películas.

Craven no tuvo una carrera llena de éxitos. Entre sus altibajos también se encuentran la creativa The Hills Have Eyes (1997), la menospreciada Shocker (1991), la diferente The Serpent And The Rainbow (1987), la Hitchcockiana Red Eye (2005) y la nada terrorífica Music Of The Heart (1999) por la que Meryl Streep recibió una nominación al óscar al encarnar a una maestra de violín que se esfuerza por cambiar la vida de los niños en una comunidad conflictiva.

En 2010 y 2011, sus últimos esfuerzos de dirección vieron luz bajo los nombres de My Soul To Take y Scream 4, respectivamente, y aunque no fueron sus apuestas más fuertes, se notaba la inquietud del director por no soltar las riendas de una fructífera carrera que culminó ayer, domingo 30 de agosto de 2015.

Wes Craven puede descansar en paz, pero nosotros no lo haremos, porque gracias a su gran y atemporal aportación al cine de terror, tendremos que repetir a nuestros hijos: “Tranquilo, es sólo una película. Sólo una película.”

Autor: pepepilgrim

Gamer, realizador audiovisual, escritor, sobreviviente del Y2K, fanático de las historias y del sarcasmo como forma de bullying.

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