El día que dejé de ser el mexicano promedio

Platicando con unos amigos sobre los libros que he estado leyendo durante este año, me comentaron que el promedio de libros leídos al año por un mexicano es de 4. Mi propósito es leer un libro al mes, para así terminar el año con 12 libros, pero decidí que después de acabar mi 5to libro haría una nota contándoles mi experiencia superando la dicha línea del promedio.

Antes de comenzar hice una investigación y el dato correcto es 2.94 libros leídos al año, según la Encuesta nacional de lectura de 2012. Ni siquiera 3 libros, no digo “¡Qué vergüenza!” porque yo también estaba ahí.

Hace ya unos cuantos meses les platicaba de la experiencia de formarme un hábito nuevo o de como me había convertido en un adicto a leer en mis tiempos que antes consideraba muertos. Ahora les platicaré un poco sobre lo que le sigue a este nuevo hábito.

Durante estos 4 meses y medio ya he leído 5 libros los cuales son:

Ha sido todo un reto del cual me siento orgulloso de mi mismo porque nunca pensé que fuera a lograr algo así, y por eso quiero a animar a más gente a que lo haga porque aunque puede resultar difícil, es muy gratificante saber que has logrado algo a base de disciplina y sacrificios.

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Para lograr esto primero tuve que plantearme una meta a largo plazo la cual sigue en pie, que es: al año haber leído 12 libros. Metas a mediano plazo, como acabar un libro en máximo un mes y en un caso emergente, superar el promedio de libros leídos al año en México. Por último las metas a corto plazo han variado, a veces son leer x número de páginas antes de que acabe el día o bien leer al menos un capítulo.

Ahora que he cumplido con la meta de superar el promedio de libros leídos al año, no me siento satisfecho, sino motivado por seguir con el siguiente reto que es la meta a largo plazo, haber leído esos 12 libros y entonces poder decir que uno de mis hábitos es leer.

No es que me sienta más que aquellos que no leen, como una vez mencionaba mi hermano: Leer no te hace mejor persona, hay quienes leen muchos libros y son malas personas así como hay quien no lee ninguno y son buenos ejemplos. Pero por otro lado, la lectura conlleva cultura, y un país que lee es un país con interés por saber.

Por eso animo a que comiences un buen hábito como el que yo ahora tengo y no solo superes el promedio sino que todos ayudemos a elevarlo para que no sean sólo casi 3 libros al año, que sean 4 luego 5 y así hasta que la gente entienda la importancia de enriquecer y ejercitar tu cerebro con toda clase de literatura que se convierte en alimento cultural.

Inténtalo, tal vez le agarres el sabor.

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¿Recuerdas cuando apagabas el celular antes de dormir?

La sociedad en la red ha creado la necesidad del ser humano por estar conectado las 24 horas del día es la misma necesidad que ha hecho evolucionar nuestros hábitos de manera colectiva.

El otro día mientras conectaba mi celular para que se cargara durante la noche me puse a meditar sobre aquel asunto ¿Cuando fue que empezamos a dejar los teléfonos celulares encendidos toda la noche? Quiero suponer que no soy el único que apagaba su celular monocromático antes de ir a dormir.

Esto no puede ser directamente proporcional a la duración de la pila porque los celulares de antes podían durar días con una sola carga, mientras que ahora te duran de 12 a 18 horas, incluso menos.

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Recuerdo que lo hacía para que no entraran llamadas indeseadas que me despertaran, o porque realmente no tenía un uso real el tenerlo prendido – ¿A caso lo tiene ahora?.

Parece que el cambio se llevó a cabo, de manera colectiva, cuando más gente empezó a tener celular; cuando se volvió mucho más sencillo llamar al celular que a el número de casa, sobretodo con esos planes de llamadas gratis, que se hicieron muy populares entre las parejas y entonces ya no solo era más sencillo, sino también más barato. Eso y el crecimiento de contenido multimedia que era posible intercambiar y reproducir con los nuevos modelos.

El día de hoy con las redes sociales ya integradas a nuestro celular, apagar el dispositivo por la noche es algo de gente rara – si hay alguien que lo haga por favor levante la mano ahora –, y con constante comunicación con los demás también deriva en que estemos durante la noche acostados y con el celular encendido; lo cual propicia que después no se pueda dormir en una especie de insomnio inducido por la luz artificial del celular.

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“Como si estuviera dormido”

 

Existen opciones para quienes quieren dejar de recibir notificaciones después de cierta hora y es una buena práctica, porque si algo he aprendido estos últimos meses, es que el sueño es sagrado y aunque a veces quisiera no dormir para hacer más cosas, cuando falta es algo que empiezas a apreciar y mucho. Lo curioso es que estas opciones eliminan el punto principal de este artículo: ya no hay necesidad de apagar el aparato.

En mi caso particular, parece el síndrome de “la novia por celular” fue la razón por la que comencé a dejar de apagar mi teléfono por las noches.

¿Tú por que dejaste de apagar tu celular por las noches?

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Me hice del hábito de la lectura sin querer

Dicen que 21 días son suficientes para hacerse de un buen o mal hábito, y no se si fueron 21 los días, pero si se que fueron bastantes, al punto que cuando dejé de hacerlo me sentí raro.

No soy de esas personas que devoran libros, de hecho, el ritmo de mi vida, ha hecho que leer libros sea imposible, o tal vez he sido yo el que se ha puesto eso en la cabeza.

Un día dando vueltas en un centro comercial, encontré el libro de 1984 de George Orwell –uno de esos libros que se han convertido en clásicos–, y estaba a un precio sumamente accesible, así que mi novia me lo regaló. Al principio fue difícil porque no encontraba el tiempo, era difícil hacer un pequeño espacio para poder leer el libro.

Un día aburrido en el camión pensé que pasaba prácticamente 20 minutos haciendo nada, entonces dije “voy a leer en el camión” y fue así como en los días siguientes, durante el trayecto, y si había un lugar disponible, sacaba mi libro para leer.

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También si tenía que ir caminando a algún lugar, lo hacía mientras leía, para matar el rato. Aunque debo añadir que es un poco peligroso ya que las irregularidades del piso pueden hacer que tropieces o bien tienes que ir evitando chocar con las personas, no es muy cómodo que digamos, sin embargo, es el tiempo que he descubierto puedo usar para algo más productivo.

Así prácticamente en un mes terminé mi primer libro del año, al siguiente día de haber terminado me subí al camión, y me puse a revisar mi celular, sentí que me hacía falta algo, que lo que estaba haciendo no era de provecho y sin libro que leer se me fueron esos 20 minutos de la forma más aburrida que me pude imaginar. Ya estaba hecho, tenía un hábito y ese hábito demandaba ser alimentado.

Así que tome otro de los libros que teníamos en la casa, Las Tumbas y Yo, una novela de Rafael Loret de Mola, y decidí continuar con mi nuevo hábito de lectura en los tiempos que antes creía muertos, ahora son tiempos de enriquecimiento intelectual.

Lo único que si les diría es que lo hagan en la mañana cuando la luz es buena, ya que la luz de los autobuses durante la noche es muy baja y puede lastimar tus ojos, también hay que tratar de mantener los ojos relajados y si el camión se sacude demasiado mejor dejarlo para después, porque la salud ante todo.

Esto no solo aplica a leer, si de verdad quieres hacer un cambio bueno en tu vida, comienza a hacerlo y mantente constante durante las primeras 3 o cuatro semanas, después de ello, será más difícil que te deshagas de tu nuevo hábito, así como yo no he podido quitarme este hábito de la lectura.

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